
Definitivamente se trata de un tema de controversia. Desde siempre la mujer y el hombre han tenido un rol específico dentro de la familia y estos se han conservado por muchos años.
En una familia tan numerosa y con una educación tradicional como la mía los roles parecían estar bien definidos. Aunque a raíz del padecimiento de artritis de mi madre se hicieron ligeras modificaciones a las actividades domésticas, a partir de esa época mi mamá tenía prohibido lavar y planchar. Así pues nos pidió apoyo para que las mujeres hiciéramos esas labores. A lo que me negué y acepté sólo hacer las mías… mis argumentos fueron muy claros: “Mis hermanos (hombres) tenían también dos manos igual que yo, y podían perfectamente lavar y planchar su ropa”.
Desde ese momento empezó mi batalla por el duro camino de la multifuncionalidad. Hoy en día puedo decir orgullosa que gracias a mí, mis tres hermanos planchan y lavan mejor que muchas mujeres.
Recuerdo cuando era soltera y pensaba en el matrimonio… el imaginar que podía llegar a ser la mamá de mi esposo me aterraba, eso de atender a un marido nada más porque ese es el papel de una buena esposa, —como me aconsejaba mi abuelita—me daba dolor de estómago. Así que antes de tomar tan importante decisión tendría que hacer mutuos acuerdos con mi futuro marido.
Afortunadamente, los tiempos han cambiado y creo que el papel de la mujer ha ganado terreno. Las mujeres también participan económicamente en el hogar, lo cual también le da derechos para exigir una justa repartición de labores domésticas… cada vez es más común y normal ver a una mujer arreglando la luz de la casa o ver a un hombre cambiando pañales de su hijo o haciendo la cena, esto es gracias a la multifuncionalidad.
En una familia tan numerosa y con una educación tradicional como la mía los roles parecían estar bien definidos. Aunque a raíz del padecimiento de artritis de mi madre se hicieron ligeras modificaciones a las actividades domésticas, a partir de esa época mi mamá tenía prohibido lavar y planchar. Así pues nos pidió apoyo para que las mujeres hiciéramos esas labores. A lo que me negué y acepté sólo hacer las mías… mis argumentos fueron muy claros: “Mis hermanos (hombres) tenían también dos manos igual que yo, y podían perfectamente lavar y planchar su ropa”.
Desde ese momento empezó mi batalla por el duro camino de la multifuncionalidad. Hoy en día puedo decir orgullosa que gracias a mí, mis tres hermanos planchan y lavan mejor que muchas mujeres.
Recuerdo cuando era soltera y pensaba en el matrimonio… el imaginar que podía llegar a ser la mamá de mi esposo me aterraba, eso de atender a un marido nada más porque ese es el papel de una buena esposa, —como me aconsejaba mi abuelita—me daba dolor de estómago. Así que antes de tomar tan importante decisión tendría que hacer mutuos acuerdos con mi futuro marido.
Afortunadamente, los tiempos han cambiado y creo que el papel de la mujer ha ganado terreno. Las mujeres también participan económicamente en el hogar, lo cual también le da derechos para exigir una justa repartición de labores domésticas… cada vez es más común y normal ver a una mujer arreglando la luz de la casa o ver a un hombre cambiando pañales de su hijo o haciendo la cena, esto es gracias a la multifuncionalidad.
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