Hace dos semanas viajé a Japón, ese gran país milenario que ha logrado salir como ave fénix, de las cenizas de un holocausto nuclear a ser una de las primeras potencias del mundo.
Sí, estuve en Ginza, Tokio, muy cerca de las oficinas corporativas matriz de Nissan en el mundo, de donde salimos a Oppama para una presentación a la prensa internacional sobre nuevas tecnologías de Nissan.
Aunque no tuve oportunidad de conocer lugares más típicos de Japón, me pareció un país maravilloso por su orden, su actitud… todos muy amables. Se dice que en Japón —y en general en todos los países asiáticos mongoles— existe una marcada ideología machista que pasa a la mujer a segundo término, ¡qué maravilla, ¿no?!... ¡ja ja! , no es cierto; a lo que iba es que, de acuerdo a lo poco que pude percibir, yo creo que, al menos en Japón, no se trata de que la mujer sea menos importante que el hombre, sino que no importa que seas hombre o mujer, simplemente eres humano. Y resulta así que la mujer se comporta amable con los hombres como los hombres con las mujeres. Por ejemplo, noté que la mujer le da el paso al hombre; comportamiento muy extraño para uno de occidente que, al ver esto, nuestra “caballerosidad” nos hace sentir incómodos y no permitimos aquello; nosotros somos quien le damos el paso a ellas. Existen enormes avenidas en donde sus cruces, en otros países, como México, serían todo un caos: todos los vehículos tratando de pasar primero y el peatón sorteando los carros para lograr pasar al otro lado. En Japón, en estos cruces, existe el paso único y exclusivo para el peatón; todos los vehículos en alto y en espera de que el semáforo le dé el siga.
Me pregunto, ¿de qué nos sirve en occidente ser tan supuestamente amables y respetuosos con las mujeres, cuando en realidad el machismo es evidente en muchos aspectos?, ¿de qué nos sirve ser tan hipócritas cuando en realidad no nos importamos el uno al otro?. No creo que todo sea color de rosa en Japón, pero al menos se nota y se siente el respeto hacia la gente, sea hombre o mujer. Deberíamos aprender todos, pueblo y gobierno, de lo bueno de otros países, de su actitud para vivir como viven y dejar de simplemente soñar que otros países son mejores.
Sí, estuve en Ginza, Tokio, muy cerca de las oficinas corporativas matriz de Nissan en el mundo, de donde salimos a Oppama para una presentación a la prensa internacional sobre nuevas tecnologías de Nissan.
Aunque no tuve oportunidad de conocer lugares más típicos de Japón, me pareció un país maravilloso por su orden, su actitud… todos muy amables. Se dice que en Japón —y en general en todos los países asiáticos mongoles— existe una marcada ideología machista que pasa a la mujer a segundo término, ¡qué maravilla, ¿no?!... ¡ja ja! , no es cierto; a lo que iba es que, de acuerdo a lo poco que pude percibir, yo creo que, al menos en Japón, no se trata de que la mujer sea menos importante que el hombre, sino que no importa que seas hombre o mujer, simplemente eres humano. Y resulta así que la mujer se comporta amable con los hombres como los hombres con las mujeres. Por ejemplo, noté que la mujer le da el paso al hombre; comportamiento muy extraño para uno de occidente que, al ver esto, nuestra “caballerosidad” nos hace sentir incómodos y no permitimos aquello; nosotros somos quien le damos el paso a ellas. Existen enormes avenidas en donde sus cruces, en otros países, como México, serían todo un caos: todos los vehículos tratando de pasar primero y el peatón sorteando los carros para lograr pasar al otro lado. En Japón, en estos cruces, existe el paso único y exclusivo para el peatón; todos los vehículos en alto y en espera de que el semáforo le dé el siga.
Me pregunto, ¿de qué nos sirve en occidente ser tan supuestamente amables y respetuosos con las mujeres, cuando en realidad el machismo es evidente en muchos aspectos?, ¿de qué nos sirve ser tan hipócritas cuando en realidad no nos importamos el uno al otro?. No creo que todo sea color de rosa en Japón, pero al menos se nota y se siente el respeto hacia la gente, sea hombre o mujer. Deberíamos aprender todos, pueblo y gobierno, de lo bueno de otros países, de su actitud para vivir como viven y dejar de simplemente soñar que otros países son mejores.













